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Gracias a ellas, muchos nos abrimos a un área de conocimientos nueva que nos ha servido incluso para trabajar y orientar nuestra carrera. También nos hermanó con aquellos que compartían nuestra afición. A veces, nos hicieron discutir en defensa de nuestro ordenador en contra de los que lo menospreciaban al compararlo con el suyo. Aprendimos que la naturaleza humana acaba por imponerse en todas las fases de cualquier afición, por técnica que parezca.
Nos ayudaron a comprender que, al final, lo que importa es la persona. Cada uno tenía su criterio, su mundillo y sus relaciones. Pero, a pesar de que siempre habrá gente que trate de buscar una excusa para separar a las personas en grupos enfrentados, nosotros comprendimos que lo que tenía un valor imperecedero era la gente con la que nos relacionábamos. Y que hubiéramos acabado siendo amigos aunque nos hubiéramos dedicado a coleccionar sellos.
Era una época en la que existía una mayor variedad de microordenadores y mayor libertad de elección. Una época en la que cualquiera podía intentar probar suerte en el mundo de los negocios relacionados con los ordenadores. Ahora, sólo los profesionales de verdad y las personas con vocación empresarial firme pueden permitirse arriesgar su tiempo y su dinero en lanzarse al mercado. Y bien sabemos los que vivimos esa época como aficionados que los auténticos profesionales son de vocación. Y por eso sabemos que ahora, como entonces, el factor humano es lo que cuenta.
Francisco Rodrigo Escobedo Robles, Dr. Pepix